jueves, 9 de junio de 2011

políticas públicas y editoriales


Durante los años noventa, con un fuerte impacto de la economía sobre la cultura, se fortalecieron las llamadas “industrias culturales”, lo que produjo una polarización de la industria editorial en la Argentina. Así, se favoreció a la concentración y al dominio del mercado por parte de las grandes empresas de capitales internacionales, que establecieron sucursales en el país y cuyos responsables no se asumieron como agentes de la cultura (esto, en tanto no manifestó políticas culturales que excedieran la lógica del mercado).
Sin embargo, en los últimos años surgieron emprendimientos menores que proponen una lógica alternativa a la predominante.
Para revertir la situación, anteriormente expuesta, se vienen gestionando espacios colectivos de producción editorial en el interior del país, a los fines de dotar de un nuevo sentido a la política pública sobre la actividad cultural. Un sentido que no se rija estrictamente por intereses económicos, sino que además, y por sobretodo, se piense como una herramienta de construcción social.
En esta sintonía, cabe considerar la posibilidad de establecer una política pública verdaderamente accesible a toda la comunidad, y que no provenga necesariamente del sector gubernamental, sino de la propia ciudadanía.
Por ello, desde el colectivo Libros Son se están iniciando gestiones para participar nuevamente de la Feria del Libro de Córdoba; con la intención de utilizar el espacio público del Cabildo Histórico para promocionar, difundir y comercializar las creaciones locales y de otras provincias del interior durante los días que dure dicho evento.
Asimismo, hay un proyecto sumamente interesante de intervenir próximamente en otros espacios como la Casona Municipal, con actividades y exposición permanente.
Sin dudas, otra buena noticia para celebrar.


Ilustración de Pablo Cánepa

martes, 12 de abril de 2011

Hielo para todos


A escasas cuadras del Patio Olmos, sobre la Montevideo, un kiosquero vende botellas congeladas por la módica suma de $3. Otra brillante alternativa tendiente a combatir las prácticas monopólicas de las empresas líderes, en este caso, la de Friquito.
El valor promedio de una bolsa de Friquito oscila entre los $10 y los
$12 en las estaciones de servicio. Un valor desproporcionado si se considera que se trata apenas de agua corriente condensada por la baja temperatura. Y, más aún, tomando en cuenta que desde Friquito aumentaron sus precios considerablemente durante los últimos meses y que, en contrapartida, disminuyeron la cantidad de su producto: hoy una bolsa de Friquito tiene el tamaño de un sachet de leche, conteniendo cuatro o cinco hielos locos, que no alcanzan ni para deshinchar un tobillo torcido.
Como para que el consumidor visualice los beneficios de reemplazar la bolsa de hielo por la botella congelada, en su vida hogareña, expondré los números. Porque como bien dijo Cristina, “los números en economía tienen un profundo significado”:
Una botella congelada de litro y medio rinde holgadamente para un par de cajas de vino con gaseosa. El consumidor ahorra alrededor de 75% de su dinero.
Dos botellas congeladas garantizan la ingesta a gusto de una botella entera de fernet con coca. Ud. se ahorra entre el 40 y el 50% de su dinero.
Aprenda a defender su bolsillo señor consumidor y ayudará a combatir el abuso incesante de las grandes corporaciones.

viernes, 25 de marzo de 2011

No es lo mismo


Bajo el principio de la novedad

la ciudad garantiza modernas calamidades.

En el Neverlad del Dino

la calesita no tiene sortija.


Y no es lo mismo.


Con un boleto de calesita sin sortija

se accede a dar un paseo en caballito luminoso,

es cierto,

pero los sueños allí se vuelven inalcanzables,

los caminos imposibles,

las ilusiones se vomitan porque se marean

y en huelga permanente están los monstruos

imaginarios, multicolores.


Por eso, haga el favor de dimensionarlo (urgentemente), señor padre,

y defienda el derecho de su niño en Defensa del Consumidor,

pues una sortija es mucho más que un fortuito manoteo,

mucho más que engancharse una argolla entre los dedos.


Es nada más y nada menos que la posibilidad del paso libre,

la rienda suelta, hacia un periplo nuevo.


Con un boleto de calesita sin sortija

se puede seguir dando vueltas y vueltas al compás de la música,

es cierto,

pero la música allí no es sino una sumatoria de ruidos aturdidos,

el recorrido circular es rutinario,

los pasajeros van desorientados, desesperanzados.


Es evidente que no será jamás lo mismo pelear sin cesar por otra chance

a viajar en la apatía de una muerte anunciada.


Con estos cambios drásticos, el niño sabe de antemano que el acto es ordinario.

Se limita simplemente a permanecer sentado, girando unos minutos,

hasta que el sonido se corte,

las lucen se apaguen, el galope se detenga.

Y luego a otra cosa mariposa.

Por eso, si de algo estoy seguro,

es que una calesita sin sortija no puede otra cosa

que la perversa creación de una persona espantosa.


Porque, ¿qué otra cosa es una sortija sino justamente eso,

las energías apostadas en la fe de una revancha,

la dignidad de no rendirse ante la vorágine,

el heroico intento de luchar por la resurrección?


Entonces, señor padre, no se quede de brazos cruzados,

al menos, exíjale al calesitero alguna clase de explicación.

Pregúntele:

¿a qué corresponde tan aberrante abolición?


Hagalo por los niños, ahora que son niños.

Que después las ganas se nos esfuman en la vida adulta.

En el reclamo de un aumento,

en el desvelo del anhelo,

en la contaminación diaria del alma,

en el dejar de jugárnosla por miedo,

por miedo a ensuciarnos;

y en todo el tiempo que pasamos

inútilmente

calculando las secuelas.


a Mateo.





martes, 22 de marzo de 2011

Señor del hotel


Señor del hotel,

ella no va a venir


¡devuélvame el dinero!

me marcharé de aquí…


¡Gracias por la atención!

Le entrego su propina


y si lo vuelvo a ver

será con otra mina


y será por placer

tan sólo por placer…


Ésta es la última vez

que vengo por amor.


Señor del hotel,

¡devuélvame el dinero!


Perdí mis esperanzas

por ella ya no espero


Señor del hotel,

sepa usted comprenderme:

¿de qué sirve la pieza

si ella no viene a verme?


Y ya que me pregunta

¿Qué siente usted por ella?:

¡pues mucho más que un turno

de un telo dos estrellas!


¡Gracias por la atención!

Le entrego su propina


y si me vuelve a ver

será con otra mina


y será por placer

tan sólo por placer…


Ésta es la última vez

que vengo por amor.





miércoles, 16 de marzo de 2011

Planificación urbana


Giacomino plantó palmeras en los canteros del Bv. Illia,
para adornar una ciudad inhóspita que se cae a pedazos.
Luis Juez va a decir que poner palmeras en una ciudad mediterránea queda "desubicado como caballo arriba del techo".
Squiaretti legitimará argumentando que las palmeras son signo de vanguardia y progreso.
Las observás al pasar
-como ganado vas adentro del bondi- y no te sentís ni ahí en Miami.

viernes, 25 de febrero de 2011

Dos (un par)


“¿Cómo saber lo que seremos, sino sabemos lo que somos?” (El loco, khalil Gibrán)


Ángel perverso,

que me devoras

sin ensuciar la servilleta


que escribes la verdad,

corriges la mentira,

y borras la diferencia


que juegas a forzar

las piezas del rompecabezas


que todo revuelves y nada resuelves


Ángel maldito,

vigilas al destino

lo crees tu enemigo


adicto a las recetas,

revelas la epidemia

en tus visiones futuristas


coleccionista de excusas

(de las que siempre abusas)


¡Oh, ángel! Si eres tan perfecto:

¿Por qué en un dulce ves hormigas?


Ángel siniestro,

que reduces el espacio

al tamaño de la habitación

y escarbando nubes

y soplando cenizas

me mimas y me insultas a la vez


¡tengo una duda ángel!

abriéndote caminos

tragándote las llaves

¿eres esclava libre o princesa presa?


Ángel difuso,

que finges no tener dueño

que a todo le haces caso omiso


Eres del miedo,

quién te propuso compromiso

y aceptaste


que callas lo profundo

que gritas superficies


¡Oh, dime ángel!

¿quién inocente y quién culpable?


Ángel preciado,

si al mismo tiempo me contradigo,

me embriago en tu cinismo

y cuando escribo,

no sé si muero o sobrevivo

a nuestro abismo


Ángel te odio,

¿acaso no lo ves?

jamás seré un poeta

-de los de veras-

(me falta pulso

me sobran lapiceras)


¿acaso no lo ves?

para saber si es estrella o polvo

hay que ensuciarse en el lodo


y no conozco otro modo

que aquella regla del vale todo


con una sola excepción:

está prohibido abandonar.




lunes, 21 de febrero de 2011

Santiago de Chile


Atravesamos rutas en un auto

viajando entre las nubes como pájaros

el agua dulce y la arena alrededor

nuestras venas que flamean bajo el sol


dibujo un mapa en la arena:

le pido al sol que señales Santiago de Chile


te escaparas diciéndome:

“no sé donde está, ni sé como llegar

a Santiago de Chile”


miles de gotas se estrellaron

y juntos encontramos un nido de barro

me desperté a tu lado en la mañana

y por las ventanas flamean venas bajo el sol


dibujo un mapa en la habitación:

le pido al sol que señales Santiago de Chile

,


y me amarás sin saber que:

no sé si partirás, ni si piensas volver

de Santiago de Chile