jueves, 10 de mayo de 2012
Esperando el bondi
No es algo nuevo esto de tener un pésimo y costoso servicio de trasporte público en la ciudad; esto de quedar de cara, esperando como un otario, en la parada del bondi. Por supuesto que no.
I.
Rememorando: el miércoles 1 de julio de 1998 el Consejo Deliberante decidió (voto mediante) que el cospel aumentara a 80 centavos, una suma excesiva para la economía del uno a uno en el país. La votación fue reñida y se ganó por mínimo margen (16 a 15), a favor del por entonces bloque radical que tenía la mayoría. Tan pareja venía la mano, que a los radicales no les quedó otra que salir a buscar a un par de ediles que no cumplían con sus funciones como corresponde. Eran los casos de una vieja llamada Nélida Perea, que afrontaba problemas de salud y no asistía a las sesiones. Ante el apremio, la vieja se tomó una pepa, se recompuso y milagrosamente fue a votar. Maniobra similar utilizada hoy por el FPV con Carlos Menem; ahí está, cobrando sin jugar, mirándonos desde el banco de suplentes. Del mismo modo recurrieron a Eduardito Angeloz (hijo del hdp) que no iba a votar hacía meses por estar imputado en el juicio (del que salió inocente junto al corrupto de su padre). Ambos, padre e hijo, se quedaron con un par de departamentos. ¿De Nueva Córdoba? No seas ingenuo, culiau, del mapa de la provincia. Lo mismo el gordo Kamerath, que destartaló lo poco que quedaba; transó, se quedó con la cometa y hoy tiene más propiedades que el aloe vera. Nadie va preso.
II.
Me acuerdo del 1° de julio no en sí por el aumento ni por las promesas de siempre de que “se mejorará el servicio”; porque eso lo escuchamos cada año. Sino porque ese miércoles 1° de julio se jugó la primer gran final entre Belgrano y Talleres, Talleres y Belgrano, el superclásico cordobés, por el ascenso a la primera división. Y mientras el intendente José Martí les pedía perdón a los pobres, justificando el aumento como un mal necesario; los empresarios, que habían logrado al fin el beneficio económico que reclamaban, no tuvieron idea más insensata que no prestar servicio durante el partido. “Para evitar que la gente tome represalias por el aumento y destruya las unidades”, se limitó a declarar el vocero de la FETAP. Así el pueblo, que se sintió enormemente perjudicado por la medida, encima debía pagar los vidrios rotos. Y para colmo miércoles a la siesta, en pleno horario laboral, era el partido. Y en el Chateau Carreras, estadio que está ubicado lejísimo, en la loma del ocote. En consecuencia, muchos se quedaron sin ir a la cancha y lo escucharon por radio. Y los que fueron, iban con doble preocupación: a) el temor de jugar una final ante el rival de toda la vida y perder b) saber que a la vuelta, independientemente del resultado, había que caminar un millón de cuadras, como etíopes, para volver a los barrios.
III.
La circunstancia deportiva tampoco ayudaba: los negros eran una bola de nervios, explotaban de estrés. El cuello hecho un nudo, los huevos en la garganta, el escalofrío serpenteando, los músculos contracturados. Tomaban clericó de banana los negros, rogando que les calmara los calambres. Eran Belgrano y Talleres, piratas y matadores, cara a cara, frente a frente. ¡No pudieron pegar el ojo en toda la semana de la alteración que tenían y encima tenían que ir y volver caminando hasta el Chateau!
IV.
El partido fue aburrido, horrible, fiero. Ambos equipos se plantaron como para definirlo en la segunda final, al domingo siguiente. Si bien Belgrano tuvo las mejores chances en el primer tiempo, el 0 a 0 parecía inamovible. Hasta que la Chanchita Albornoz (que sabiendo de la trascendencia deportiva no fue al baile a chupar cubana esa semana), metió un centro hiriente y Cachi Zelaya la empujó a la red. Y así Talleres se llevó la primera ventaja, luego de jugarse los primeros 90 minutos de una instancia para el infarto.
V.
El regreso de miles y miles de guasos hacia sus casas fue lento, en dos patas y en procesión. Una multitud de piernas andando surcó la ciudad, partiéndola a la mitad, unos marchando hacia el norte y otros hacia el sur. Para los albiazules la cosa no pintaba tan oscura: si bien la distancia era lejana y el estado agotador, acarreaban la premisa de que el cansancio no es solamente físico sino también mental. El pecho inflado y victorioso los soplaba para adelante, los hacía continuar por inercia, les daba un resto. La alegría sin dudas les energizaba el camino. A lo sumo, de cuando en cuando, se detenían a elongar. Volvieron mirando al cielo, pidiéndole al Señor que esa pequeña luz de ventaja les durara hasta el lunes y para siempre. Para los celestes, el regreso fue más bien como experimentar un deporte extremo: volvieron arrastrándose como babosas, llegando a Alberdi recién como a la tres de la mañana. Con la geta por el suelo volvieron, lamiendo baches, fumando tierra que volaba por el aire. Volvieron tambaleando, abrazándose a los postes, sintiendo correr la angustia desde las zapatillas hasta el gorrito con lanas. Siempre para adelante iban, porque un pirata si no tiene fuerzas las fabrica, pero rendirse jamás. Volvieron mirando al cielo, pidiéndole al Señor que les regale dos goles; y hay quienes entregaban las piernas y hasta la médula por ese bendito par de goles.
VI.
Esta es la pequeña crónica del 1° de julio de 1998, una de las tantas en la que los cordobeses se quedaron a pata. Esta es la historia a la que nos hemos acostumbrado. Es la historia de los que pierden, los ciudadanos, y los que ganan, los empresarios y políticos, que se llenan de plata. Porque la vida es así, como el fútbol; con sus triunfos y sus derrotas. Ayer, hoy y cada día en que la ciudad se cae y se levanta, los guasos y las brujas regresan a sus hogares con una misma ilusión, sin distinción de color de camiseta. Una ilusión que, entre la baranda a cloacas, y en cada viaje de colectivo sucio se respira: que alguna vez podamos vivir en un lugar más digno a este colapsado, destartalado, manoseado y fundido.
Seguramente hoy volverán mirando al cielo, los guasos y las brujas, pidiéndole al Señor lo mismo de cada rutina: que nos consiga pronto el cospel que devuelva a Córdoba a Primera.
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miércoles, 18 de abril de 2012
Carta abierta a la creación del Instituto Municipal de Cultura

La cultura, como la educación, la salud, la libertad de expresión,el oxígeno gratuito, entre otros, es un derecho público imprescindible para el desarrollo de cualquier colectivo.Es esencial que se respete este valor en cualquier democracia. Para ello abonamos impuestos, para que el Estado los retribuya en la mejora de la calidad de vida de quienes lo conforman.
Entonces,rescatate.
Tu función Marchiaro no es hacer de la Cultura un espacio Top, patrocinado por una marca de champaña. Si tu noción de cultura se reduce a una reunión de snobs para ligar un sorbo de malbec, estamos en el horno. Tu deber, por el contrario, es generar condiciones adecuadas para que los miembros de la comunidad, es decir los ciudadanos, puedan vivir de una manera más digna.
Tu deber como funcionario es acompañar a los productores de cultura de la ciudad,los verdaderos hacedores, que en la mayoría de los casos trabajan con recursos muy precarios desde la autogestión. Acompañarlos en el día a día, para que puedan desempeñar su rol social de un mejor modo. Es decir, dar una mano si a un teatro le falta difusión, tiene vencido el matafuego o le gotea el techo.
Tu función es interesarte por el patrimonio histórico y cultural que a diario demuelen las grandes contructoras, dueñas de hacer con esta ciudad destruida, colapsada, la maqueta deforme que se les antoje. Recuperar los centros culturales municipales que se encuentran en un estado de abandono vergonzoso. ¿Qué te produce ver así al Teatro Colón, enterarte que lo convertirán un templo evangélico? A mí impotencia y mucha bronca.
Tu función es generar iniciativas inclusivas destinadas a amplios sectores de la sociedad, para que más gente tenga acceso a recibir cultura. Es decir, que un pibe de barrio tenga acceso a un taller creativo. Tal vez un lápiz, un pincel, un libro, logre sacarlo de la puta esquina, que lo tiene dibujado, pixelado, pintado al óleo.
No podés administrar recursos privilegiando intereses económicos privados, sean éstos físicos o jurídicos. Ya no estás en el España Córdoba, cambiaste de cargo. Tu responsabilidad es otra ahora.
Rescatate, si es que aún estás a tiempo.
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martes, 3 de abril de 2012
El papo de la Yuta

El papo de la Yuta.
Estaba en la cancha y, al lado mío, un guaso aferrado al alambrado le agita al lineman: “¡Bajá la bandera, el papo de la Yuta!”.
Y uno, ante semejante versatilidad en la composición del insulto, no puede menos que abstraerse del partido, cerrar los ojos; y tratar de hacerse al menos una representación mental de lo que acaba de escuchar: el papo de la Yuta.
En ese instante, trato de imaginarme a la Yuta en toda su femineidad, particularmente me concentro en la figura de su papo: del color de un moretón imagino al papo de la Yuta. Debe tener un clítoris recio. Y oler a encierro y a tabaco que se fuma para matar el tiempo.
No ha de ser peludo el papo de la Yuta; más bien depilado y con un fino bigote. Seguramente sangra con mayor frecuencia que el resto de los papos y, cuando ocurre, usa un cartucho de tampón.
Y aún siendo histérico (como todos), es muy probable que por las noches, cuando las luces se apagan y los barrotes se enfrían, le haga el amor a un ladrón el papo de la Yuta.
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lunes, 12 de marzo de 2012
jueves, 12 de enero de 2012
límites

Tu jefe te permite tomar café, tragártelo a mansalva;
podés acabarte la jarra entera si te hace falta.
Te deja tomar flores de bach, infusiones orientales,
inclusive té de floripondio.
Es más: te autoriza a tomar falopa en el baño,
si te nota agotado.
Pero mate en la oficina no,
indiscutiblemente no, sin peros, compañero.
El mate es desgano,
improductividad,
caos,
insurrección:
el mate para un jefe es la barbarie.
*
sábado, 7 de enero de 2012
Tres faroles

Tres faroles prenden y está anocheciendo,
encandilarán la soledad de una persona rota.
¿Y sobre qué suelo descansarán sus botas?
¿En algún placard, las puedo encontrar?
Tres faroles, siento que me estoy quemando,
pero igual voy caminando descalzo al sol:
¿sobre qué rayos
dejaré olvidado lo que fuiste hoy?
Uno tras otro fumaba sus cigarros,
acostada fumaba sin decirme nada,
y a mis espaldas tarareaba “nada es por amor”.
la/ le ri/ le ro ♪
(nada es por amor),
tarareó.
Tres faroles que no tienen sentimientos,
tan sólo prenderán para crear mi sombra.
¿Y sobre qué alfombra despertarán sus botas?
¿Sobre qué tapiz, las incendio para ser feliz?
Uno tras otro fumaba sus cigarros,
acostada fumaba sin decirme nada,
y a mis espaldas tarareaba “nada es por amor”.
la/ le ri /le ro ♫
(nada es por amor),
tarareó.
*
lunes, 26 de diciembre de 2011
efemérides
"cuando el olvido haga del pasado una tumba,
vas a ser las flores que ya no riegue nunca,
y ojalá la amistad exista de verdad" (100% de nada, A.C)

Hoy es primero de mayo y le escribo a tu muerte.
Tu viejo está llorando, destrozado en su casa
junto a la canilla que gotea, el perro ciego y los gatos.
El resto del universo anda en otra cosa:
hoy se celebra el día internacional del trabajador,
tradición que se repite desde el siglo 19,
en honor a los caídos en la protesta de Chicago.
A grosso modo, un homenaje a los millones que agachan la cabeza
y ponen el lomo y las neuronas, de sol a sol, a cambio de billetes.
Hoy es primero de mayo, las universidades están cerradas
hasta mañana, que volverán a abrirle sus puertas
a los pequeños burgueses instruidos que polemizarán en torno a Marx;
medios de producción, ploretariado, capital, plusvalía, lucha
y demás conceptos que se repiten desde el siglo 19.
Hoy es primero de mayo y le escribo a tu muerte.
¿Desde qué siglo el verbo trabajar se asocia con la palabra dignidad?
¿De quién, de cuándo, de dónde, viene esa relación?
¿Por qué no mejor probar con el verbo morir súbitamente?
¿Por qué no acaso con el verbo fallecer antes del debido tiempo?
Pero no, no me hagan caso che, si es otra la convención:
hoy es el día de convenios colectivos
que no reconocen desgracias particulares.
Hay fiestas sindicales en la televisión,
empleos en blanco y negro, con o sin obra social,
promesas y pedidos de aumento.
Hoy es primero de mayo: a mí me da igual si es hábil o feriado,
fabrico lágrimas y le escribo a tu muerte.
Cierro las cortinas, trabo las puertas, prendo una vela,
me acuesto en mi cama y dejo atrás el afuera.
La pieza huele a cenizas y mi colchón es un sepulcro.
En esta misma fecha, años atrás, en una carretera oscura,
tuviste un segundo de distracción y te estrellaste contra un árbol;
lo incendiaste y los pájaros se fueron, te abandonaron.
Ningún trabajador de la salud logró salvarte,
no había pastilla efectiva que valiese la pena tragar.
Te fuiste a Santiago del Estero, para vender una fuente de agua
y ganarte así unos mangos; no quisiste tomarte el día.
Hoy es primero de mayo de 2011, son horas de homenajes,
el barrio casi no ha cambiado desde tu partida.
Los transas siguen sin tomarse franco, y allá, en tu esquina,
la que dejaste atrás, los chicos se amanecen aspirando cocaína.
Cada primero de mayo, desde que te fuiste a no sé dónde,
el dolor no pide vacaciones ni reclama descanso.
El dolor más bien maquina, no tiene stop
ni solicita permiso al dueño para ir al baño.
Y yo le escribo a tu muerte, ¿sabés por qué?:
porque, aunque no llegaste a leerme, escribir es mi trabajo.
Dos siglos celebrando y citando al marxismo.
Dos siglos, que son más que el transcurso de tu vida, definitiva,
y lo que quede de mi estadía.
Lejos estamos de perdurar en la memoria del mundo por doscientos años
vos y yo, de convertirnos en efeméride.
Pienso más bien en nuestra historia, sabiéndola intrascendente,
algo que poco a poco irá quedando atrás, en el olvido,
desprovista de sentido,
como las tumbas sin nombre que ya nadie identifica,
hasta desaparecer de todo rostro, rastro, imagen o discurso.
Nadie tendrá ya en cuenta nuestra infancia alegre;
las tardes corriendo alrededor de los paraísos,
con el aroma a jazmín de las florerías, las paredes que rayamos,
y esos gualichos llenos de misterio, con palomas incineradas,
que amanecían en las veredas del cementerio San Jerónimo,
y que contemplamos tantas veces en silencio, absortos,
completamente fascinados.
.
vas a ser las flores que ya no riegue nunca,
y ojalá la amistad exista de verdad" (100% de nada, A.C)

Hoy es primero de mayo y le escribo a tu muerte.
Tu viejo está llorando, destrozado en su casa
junto a la canilla que gotea, el perro ciego y los gatos.
El resto del universo anda en otra cosa:
hoy se celebra el día internacional del trabajador,
tradición que se repite desde el siglo 19,
en honor a los caídos en la protesta de Chicago.
A grosso modo, un homenaje a los millones que agachan la cabeza
y ponen el lomo y las neuronas, de sol a sol, a cambio de billetes.
Hoy es primero de mayo, las universidades están cerradas
hasta mañana, que volverán a abrirle sus puertas
a los pequeños burgueses instruidos que polemizarán en torno a Marx;
medios de producción, ploretariado, capital, plusvalía, lucha
y demás conceptos que se repiten desde el siglo 19.
Hoy es primero de mayo y le escribo a tu muerte.
¿Desde qué siglo el verbo trabajar se asocia con la palabra dignidad?
¿De quién, de cuándo, de dónde, viene esa relación?
¿Por qué no mejor probar con el verbo morir súbitamente?
¿Por qué no acaso con el verbo fallecer antes del debido tiempo?
Pero no, no me hagan caso che, si es otra la convención:
hoy es el día de convenios colectivos
que no reconocen desgracias particulares.
Hay fiestas sindicales en la televisión,
empleos en blanco y negro, con o sin obra social,
promesas y pedidos de aumento.
Hoy es primero de mayo: a mí me da igual si es hábil o feriado,
fabrico lágrimas y le escribo a tu muerte.
Cierro las cortinas, trabo las puertas, prendo una vela,
me acuesto en mi cama y dejo atrás el afuera.
La pieza huele a cenizas y mi colchón es un sepulcro.
En esta misma fecha, años atrás, en una carretera oscura,
tuviste un segundo de distracción y te estrellaste contra un árbol;
lo incendiaste y los pájaros se fueron, te abandonaron.
Ningún trabajador de la salud logró salvarte,
no había pastilla efectiva que valiese la pena tragar.
Te fuiste a Santiago del Estero, para vender una fuente de agua
y ganarte así unos mangos; no quisiste tomarte el día.
Hoy es primero de mayo de 2011, son horas de homenajes,
el barrio casi no ha cambiado desde tu partida.
Los transas siguen sin tomarse franco, y allá, en tu esquina,
la que dejaste atrás, los chicos se amanecen aspirando cocaína.
Cada primero de mayo, desde que te fuiste a no sé dónde,
el dolor no pide vacaciones ni reclama descanso.
El dolor más bien maquina, no tiene stop
ni solicita permiso al dueño para ir al baño.
Y yo le escribo a tu muerte, ¿sabés por qué?:
porque, aunque no llegaste a leerme, escribir es mi trabajo.
Dos siglos celebrando y citando al marxismo.
Dos siglos, que son más que el transcurso de tu vida, definitiva,
y lo que quede de mi estadía.
Lejos estamos de perdurar en la memoria del mundo por doscientos años
vos y yo, de convertirnos en efeméride.
Pienso más bien en nuestra historia, sabiéndola intrascendente,
algo que poco a poco irá quedando atrás, en el olvido,
desprovista de sentido,
como las tumbas sin nombre que ya nadie identifica,
hasta desaparecer de todo rostro, rastro, imagen o discurso.
Nadie tendrá ya en cuenta nuestra infancia alegre;
las tardes corriendo alrededor de los paraísos,
con el aroma a jazmín de las florerías, las paredes que rayamos,
y esos gualichos llenos de misterio, con palomas incineradas,
que amanecían en las veredas del cementerio San Jerónimo,
y que contemplamos tantas veces en silencio, absortos,
completamente fascinados.
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