
“¿Cómo saber lo que seremos, sino sabemos lo que somos?” (El loco, khalil Gibrán)
Ángel perverso,
que me devoras
sin ensuciar la servilleta
que escribes la verdad,
corriges la mentira,
y borras la diferencia
que juegas a forzar
las piezas del rompecabezas
que todo revuelves y nada resuelves
Ángel maldito,
vigilas al destino
lo crees tu enemigo
adicto a las recetas,
revelas la epidemia
en tus visiones futuristas
coleccionista de excusas
(de las que siempre abusas)
¡Oh, ángel! Si eres tan perfecto:
¿Por qué en un dulce ves hormigas?
Ángel siniestro,
que reduces el espacio
al tamaño de la habitación
y escarbando nubes
y soplando cenizas
me mimas y me insultas a la vez
¡tengo una duda ángel!
abriéndote caminos
tragándote las llaves
¿eres esclava libre o princesa presa?
Ángel difuso,
que finges no tener dueño
que a todo le haces caso omiso
Eres del miedo,
quién te propuso compromiso
y aceptaste
que callas lo profundo
que gritas superficies
¡Oh, dime ángel!
¿quién inocente y quién culpable?
Ángel preciado,
si al mismo tiempo me contradigo,
me embriago en tu cinismo
y cuando escribo,
no sé si muero o sobrevivo
a nuestro abismo
Ángel te odio,
¿acaso no lo ves?
jamás seré un poeta
-de los de veras-
(me falta pulso
me sobran lapiceras)
¿acaso no lo ves?
para saber si es estrella o polvo
hay que ensuciarse en el lodo
y no conozco otro modo
que aquella regla del vale todo
con una sola excepción:
está prohibido abandonar.