Anteayer
desde la ventanilla de un Duna Break
-al mejor estilo cordobés-
un guaso me grita:
“que bufandiiiita… Harry Potter…”
mofándose de mí
de esta miopía atroz
de este suicidio a la moda
que soy y seré.
Me dieron ganas
de patearle la puerta
echarle un gallazo
revolearle una baldoza
mandarlo a la concha de su madre
pero era al pedo
por astucia
picardía
espontaneidad
valentía
a los laureles los tenía bien ganados
en esta cruel batalla.
Un triunfo indiscutido,
inobjetable.
El semáforo cambió a verde
y cada cual siguió su rumbo.
Volví a mi casa abatido,
pateando bolsas de basura
como un perdedor hermoso.
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