martes, 3 de abril de 2012

El papo de la Yuta



El papo de la Yuta.

Estaba en la cancha y, al lado mío, un guaso aferrado al alambrado le agita al lineman: “¡Bajá la bandera, el papo de la Yuta!”.

Y uno, ante semejante versatilidad en la composición del insulto, no puede menos que abstraerse del partido, cerrar los ojos; y tratar de hacerse al menos una representación mental de lo que acaba de escuchar: el papo de la Yuta.

En ese instante, trato de imaginarme a la Yuta en toda su femineidad, particularmente me concentro en la figura de su papo: del color de un moretón imagino al papo de la Yuta. Debe tener un clítoris recio. Y oler a encierro y a tabaco que se fuma para matar el tiempo.

No ha de ser peludo el papo de la Yuta; más bien depilado y con un fino bigote. Seguramente sangra con mayor frecuencia que el resto de los papos y, cuando ocurre, usa un cartucho de tampón.

Y aún siendo histérico (como todos), es muy probable que por las noches, cuando las luces se apagan y los barrotes se enfrían, le haga el amor a un ladrón el papo de la Yuta.


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lunes, 12 de marzo de 2012

105



Hay una historia que contar, de 105 días. La estoy narrando.







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jueves, 12 de enero de 2012

límites




Tu jefe te permite tomar café, tragártelo a mansalva;
podés acabarte la jarra entera si te hace falta.
Te deja tomar flores de bach, infusiones orientales,
inclusive té de floripondio.
Es más: te autoriza a tomar falopa en el baño,
si te nota agotado.

Pero mate en la oficina no,
indiscutiblemente no, sin peros, compañero.
El mate es desgano,
improductividad,
caos,
insurrección:
el mate para un jefe es la barbarie.




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sábado, 7 de enero de 2012

Tres faroles




Tres faroles prenden y está anocheciendo,
encandilarán la soledad de una persona rota.
¿Y sobre qué suelo descansarán sus botas?
¿En algún placard, las puedo encontrar?

Tres faroles, siento que me estoy quemando,
pero igual voy caminando descalzo al sol:
¿sobre qué rayos
dejaré olvidado lo que fuiste hoy?

Uno tras otro fumaba sus cigarros,
acostada fumaba sin decirme nada,
y a mis espaldas tarareaba “nada es por amor”.

la/ le ri/ le ro ♪
(nada es por amor),
tarareó.

Tres faroles que no tienen sentimientos,
tan sólo prenderán para crear mi sombra.
¿Y sobre qué alfombra despertarán sus botas?
¿Sobre qué tapiz, las incendio para ser feliz?

Uno tras otro fumaba sus cigarros,
acostada fumaba sin decirme nada,
y a mis espaldas tarareaba “nada es por amor”.

la/ le ri /le ro ♫
(nada es por amor),
tarareó.



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lunes, 26 de diciembre de 2011

efemérides

"cuando el olvido haga del pasado una tumba,
vas a ser las flores que ya no riegue nunca,
y ojalá la amistad exista de verdad" (100% de nada, A.C)




Hoy es primero de mayo y le escribo a tu muerte.
Tu viejo está llorando, destrozado en su casa
junto a la canilla que gotea, el perro ciego y los gatos.
El resto del universo anda en otra cosa:
hoy se celebra el día internacional del trabajador,
tradición que se repite desde el siglo 19,
en honor a los caídos en la protesta de Chicago.
A grosso modo, un homenaje a los millones que agachan la cabeza
y ponen el lomo y las neuronas, de sol a sol, a cambio de billetes.

Hoy es primero de mayo, las universidades están cerradas
hasta mañana, que volverán a abrirle sus puertas
a los pequeños burgueses instruidos que polemizarán en torno a Marx;
medios de producción, ploretariado, capital, plusvalía, lucha
y demás conceptos que se repiten desde el siglo 19.

Hoy es primero de mayo y le escribo a tu muerte.
¿Desde qué siglo el verbo trabajar se asocia con la palabra dignidad?
¿De quién, de cuándo, de dónde, viene esa relación?
¿Por qué no mejor probar con el verbo morir súbitamente?
¿Por qué no acaso con el verbo fallecer antes del debido tiempo?

Pero no, no me hagan caso che, si es otra la convención:
hoy es el día de convenios colectivos
que no reconocen desgracias particulares.
Hay fiestas sindicales en la televisión,
empleos en blanco y negro, con o sin obra social,
promesas y pedidos de aumento.
Hoy es primero de mayo: a mí me da igual si es hábil o feriado,
fabrico lágrimas y le escribo a tu muerte.

Cierro las cortinas, trabo las puertas, prendo una vela,
me acuesto en mi cama y dejo atrás el afuera.
La pieza huele a cenizas y mi colchón es un sepulcro.
En esta misma fecha, años atrás, en una carretera oscura,
tuviste un segundo de distracción y te estrellaste contra un árbol;
lo incendiaste y los pájaros se fueron, te abandonaron.
Ningún trabajador de la salud logró salvarte,
no había pastilla efectiva que valiese la pena tragar.

Te fuiste a Santiago del Estero, para vender una fuente de agua
y ganarte así unos mangos; no quisiste tomarte el día.
Hoy es primero de mayo de 2011, son horas de homenajes,
el barrio casi no ha cambiado desde tu partida.
Los transas siguen sin tomarse franco, y allá, en tu esquina,
la que dejaste atrás, los chicos se amanecen aspirando cocaína.

Cada primero de mayo, desde que te fuiste a no sé dónde,
el dolor no pide vacaciones ni reclama descanso.
El dolor más bien maquina, no tiene stop
ni solicita permiso al dueño para ir al baño.
Y yo le escribo a tu muerte, ¿sabés por qué?:
porque, aunque no llegaste a leerme, escribir es mi trabajo.


Dos siglos celebrando y citando al marxismo.
Dos siglos, que son más que el transcurso de tu vida, definitiva,
y lo que quede de mi estadía.
Lejos estamos de perdurar en la memoria del mundo por doscientos años
vos y yo, de convertirnos en efeméride.
Pienso más bien en nuestra historia, sabiéndola intrascendente,
algo que poco a poco irá quedando atrás, en el olvido,
desprovista de sentido,
como las tumbas sin nombre que ya nadie identifica,
hasta desaparecer de todo rostro, rastro, imagen o discurso.

Nadie tendrá ya en cuenta nuestra infancia alegre;
las tardes corriendo alrededor de los paraísos,
con el aroma a jazmín de las florerías, las paredes que rayamos,
y esos gualichos llenos de misterio, con palomas incineradas,
que amanecían en las veredas del cementerio San Jerónimo,
y que contemplamos tantas veces en silencio, absortos,
completamente fascinados.



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lunes, 19 de diciembre de 2011

Que Fotaza




Mi viejo en sus años mozos.
Pose de niño churro, Despeñaderos, 1951.
32 años antes del mágico polvo
que me trajo a este mundo.





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lunes, 12 de diciembre de 2011

llueve

Llueve en Córdoba, es un lunes con bendición térmica.

De todos modos, los ciudadanos no detienen su marcha: algunos desfilan con paraguas y otros haciéndose sopa, cada cual surca su propio camino.

Llueve en la ciudad, y un cambio de clima no es motivo suficiente para dejar de lado los quehaceres y las obligaciones.

Es decir, llueve, y sin embargo la infiel se escapa igual hacia el hotel; el policía acata órdenes en la comisaría; y el abogado hace sus trámites en el juzgado.

Llueve, así es, y un tal Maxi putea en la esquina porque no consigue taxi. Y Uriel, que tiene el hijito engripado, va al almacén a comprarle miel. Llueve, claro que sí, cae agua y hace menos calor, es eso simplemente.

Me encantaría no tener que ir trabajar hoy, quedarme quieto hasta mañana mirando por la ventana; tomarme el día entero, una jornada full time, exclusivamente para pensarte.